04 noviembre 2007

Cuentacuentos 47: Una mancha de vino en el mantel


Una mancha de vino en el mantel.
Dos copas encima de la mesa, en una de ellas hay marcas de carmín que ensucian su fino borde.
Dos velas parpadean en sus candelabros de cristal.
Apoyados en dos platos, donde todavía hay restos de nata y fresas, los cubiertos de plata emiten suaves destellos.

...

En el respaldo de una de las dos sillas cuelga un suave fular de seda roja hasta casi tocar la alfombra.
Al lado de la mesa, en una cubitera de diseño, una botella de champán descorchada y casi vacía.

...

Un rectángulo de luz alargado ilumina la alfombra.
En el camino marcado por la luz caído hay un zapato de charol negro y tacón interminable; a dos pasos su pareja.
Una corbata azul descansa hecha un ovillo muy cerca de una camisa blanca.

...

Unos débiles gemidos flotan en el aire, acompañados de un rítmico sonido metálico.

...

En el umbral de la puerta entreabierta, formando un círculo de pliegues, un vestido de seda negro.

...

Dentro de la habitación, encima de la mesita se alcanzan a ver dos copas alargadas; líneas de burbujas surcan el dorado líquido.

...

Las sábanas blancas están revueltas, y hay una maleta abierta encima del colchón.
Un hombre rebusca en el armario y tira de cualquier modo cosas dentro de la maleta.
Su cara está crispada, en su pecho desnudo hay manchas de sangre roja y fresca.

...

A los pies de la cama, una mujer pelirroja está tendida en una postura extraña.
Un charco de sangre a su alrededor se confunde con su pelo.
Sus ojos se mueven lentamente mientras intenta, en vano, gritar.

24 septiembre 2007

Cuentacuentos 46: Incluso el que...

Incluso el que menos te lo esperas podría ser el día que cambie tu vida.
Puedes pensar que va a ser un día normal, y sin embargo con el transcurrir de las horas, yo te quitaré la razón, te demostraré que no hay días normales.

Piensa en tu día, en lo que has hecho hoy.

Te has despertado y no has caído en la cuenta de que hoy empieza el otoño. ¿Ves? Un pequeño detalle que lo hace diferente del rutinario día de ayer.

Aunque tienes razón, que hoy haya cambiado la estación no tiene por qué ser tan importante, o quizá sí, nunca cometas el error de despreciar las cosas que te parezcan poco relevantes, porque a veces son justamente esas las que más importan.

Luego te has duchado, y tus ojos no han sabido ver el juego de las gotas deslizándose por la mampara, has desayunado sin saborear realmente lo deliciosas que estaban las tostadas y como cada día, has ido a trabajar.

En el metro, perdido en tu rutina, no has visto como una pareja de jubilados, ambos de pelo blanquísimo, se miraban a los ojos con la misma expresión de amor con la que lo hicieron el día de su boda.

Al salir del vagón, no te has dado cuenta de que como casi cada día, una chica preciosa se tropezaba "accidentalmente" contigo, y ¿sabes qué? ella podría haber cambiado tu vida.

Caminando hacia el trabajo ni te has fijado en el chico que en medio de la calle se arrodillaba y le pedía a su novia que se casase con él.

Has pasado por esa cafetería sin mirar hacia adentro, y por eso no has visto a aquel amigo de la facultad del que hace tanto que no sabes, una pena, tu vida habría cambiado de haber entrado a saludarle.

Te has perdido la mirada de gratitud de ese vagabundo de la esquina, cuando la florista de enfrente le ha llevado café caliente.

Y por supuesto no has visto a dos pajarillos levantando el vuelo a tu paso.

Antes de entrar en este edificio no has hecho caso a esos niños que te gritaban que les pasases el balón, y aunque no te lo creas, ellos podrían haber cambiado tu vida.

Si lo piensas bien, la vida rutinaria de la que te quejas, sólo lo es porque no sabes mirar a tu alrededor en busca de los pequeños milagros de cada día.

Es una pena tener que demostrarte que cuando menos te lo esperas, te has quedado sin tiempo para disfrutar de todas esas cosas.

Si te hubieses parado a hablar con la chica del metro, no estarías aquí, la habrías invitado a un café, y habrías llegado tarde a la oficina.
Si hubieses entrado a saludar a tu amigo, habrías sabido que busca trabajo, y le habrías acompañado a la oficina de recursos humanos de tu empresa.
Si hubieses pasado el balón a esos niños, la recepcionista se habría fijado, y te habría hecho algún comentario divertido y no habrías llegado a tiempo al ascensor.

Cualquiera de esas tres cosas habría cambiado tu vida.

El marido de aquella mujer que fue asesinada el primer día del otoño del año pasado, no se habría encontrado con el abogado defensor del asesino.

Y no te habría podido pegar un tiro antes de suicidarse.

Me da pena saber que todas esas cosas habrían podido salvarte y no haber podido hacer nada, porque al fin y al cabo yo solo observo, sois vosotros los que decidís vuestro destino.


(Gracias JT!!!!!!!)

18 septiembre 2007

Cuentacuentos 45 (doble)

- Quiero que mi vida sea de esas que se inmortalizan en un libro.

Lo soltó y se quedó tan ancha. Marcos la observó con una mezcla de incredulidad y hastío.

- De hecho, voy a buscar a alguien para que escriba mis memorias.

Marcos suspiró, ¿unas memorias? tuvo ganas de gritarle en su perfecta cara de perfecto y blanco cutis.
Se mordió la lengua para no escupirle lo que realmente pensaba, que sus memorias se podrían resumir en un panfleto como los que se reparten en la calle, que dos cuartillas sobrarían para contar su vida, que no era nadie realmente importante, que tenía 19 años y era modelo, y nada más, que en 19 años lo más interesante que había hecho era caminar a lo largo de una pasarela luciendo unos trapitos que costaban más de lo que valían. Pero no lo hizo.

Se levantó y sin dirigirle ni una mirada salió de la habitación.

No dijo nada porque no merecía la pena.

En su hermana la belleza era su mayor bendición, pero también su maldición, seguramente mientras el salía del salón ella ya habría olvidado que la había dejado con la palabra en la boca.

Su madre la había educado en la idea de que si eras tan hermosa como ella lo era, no hacía falta nada más, y ella había sabido adaptarse a la comodidad de aquella filosofía de vida.

Marcos no era de los que pensaba que las chicas guapas eran todas tontas, conocía a muchas mujeres realmente hermosas que además eran extremadamente inteligentes, sin embargo Lorena lo era, tonta y vacía.

Hacía años que no podía conversar con ella porque para ella no existía nada fuera de su mundo, un mundo de peluqueros, estilistas, maquilladores, y por encima de todos ellos, diseñadores.

Los diseñadores adoraban a Lorena, porque era la perfecta maniquí, tan perfecta que no le sorprendería que acabara convertida en uno un día cualquiera. No daba problemas y se limitaba a lucir las colecciones, no preguntaba, no opinaba y siempre sonreía.

La perfecta mujer objeto, el adorno que todo amante de la belleza querría en su colección.

Subió las escaleras de dos en dos, abrió una puerta despacito y contempló a la mujer que dormía entre las sábanas de una enorme cama, sonrió, allí sí que había una mujer hermosa, por dentro y por fuera, una mujer que había valido la pena conocer, una mujer que había sabido vivir y amar, una mujer cuya vida podría llenar muchos libros.

Viéndola dormir plácidamente, Marcos notó como el enfado se diluía.

Cerró la puerta con suavidad y se dirigió a su cuarto, de las tres mujeres que vivían en aquella casa solo aquella merecía realmente la pena, su abuela.


(Me faltan un par de frases, pero no me encajaban en esta historia, así que las dejo para otra ocasión)

23 agosto 2007

Cuentacuentos 44: Todo el mundo va...

Todo el mundo va a su bola, menos yo que voy a la mía, será por eso que escribo casi siempre el último día... y será por eso que justamente esta semana no sé qué escribir...
No desesperes, yo estoy aquí a tu lado, para que me busques en momentos como este. No es que no sepas, es que impresiona eso de llevar un año cuentacuenteando.
Y a pesar de todo sigues sin creerme, ¿verdad?, no es eso, es que no se me ocurre nada, la frase me gusta, pero mis neuronas se niegan a hilar palabras.
Que equivocada estás niña, las palabras están ahí, en tu cabecita morena, esperando a que te sientes y las hagas salir.
Siempre soñé con convertirme en fotógrafa, o diseñadora, o escritora, o arquitecta, lo mío es crear, mi hermano, en cambio imaginaba que era un pirata cuando jugaba con su espada de madera. Pero hoy estoy seca, de verdad que no puedo.

Una vez más huía de su pasado la niña, y su inspiración no sabía qué más decirle, después de años sin coger un lápiz, hacía 365 días que había empezado su periplo en aquella iniciativa, y ahora volvía a sentir ese miedo.

¿Recuerdas cuando mirábamos las estrellas? Las dos juntas, que para eso somos la misma, alguna vez empezamos a contarlas, alguna vez imaginamos que mil y una historias podrían nacer de nuestros dedos inspiradas por ellas.
Sí, lo recuerdo, ¿recuerdas tú la primera vez que vimos amanecer? Hacía frío aquella mañana, y sin embargo el calor del sol naciente compensaba el esfuerzo de madrugar.
Era de noche y sin embargo llovía ya la luz por detrás de la montaña, en realidad sería lo contrario a llover, puesto que la luz se deslizaba hacia arriba.
¿Ves? Ya vuelves a hilar palabras con cierto sentido y belleza.
Pues sí, a ver si me sale algo "Tras la repentina muerte de Ángela ya nada volvió a ser lo mismo aunque todo era aparentemente igual".
Buff, a veces eres un poco cursi ¿eh? como Aura.
¿Quien es Aura?
Aura es una mujer que escribe novelitas de esas mal llamadas románticas. Los argumentos suelen ser algo así como "La niña se perdía dulcemente en su vida hasta que el fogoso leñador llegó a sacarla de su insulso cuento de hadas. Al principio ella cree odiarle, pero finalmente, la pasión la hace caer en sus brazos".
A veces eres algo malvada. Pero no nos vayamos por las ramas, esta noche, a las doce en punto acaba mi primer cumpleaños como cuentacuentos, y no tengo nada.
Venga, pues pongámonos, ¿qué soñaste esta noche? quizá eso nos sirva para empezar.
Las cálidas alas de un ángel acariciaban mi rostro esta mañana, pero al final no eran alas, era e. gato que me hacía cosquillas, y claro, al despertarme así no pude pensar en lo que había soñado.
A ver, y si miramos en internet... mira, mira, en un Ikea en Noruega dejan dormir a gente por las noches.
Sobre centros comerciales de noche ya escribimos una vez, ¿no te acuerdas? creo que la frase era algo así "El centro comercial había quedado en penumbra".
Es verdad, pues nada, no podemos repetirnos, ya sabes "Las palabras vuelan, lo escrito permanece" no me acuerdo como es en latín, pero eso, que si luego alguien se da cuenta de que nos autoplagiamos, vaya corte.
Buff, esto va mal, va muy mal.
Venga, cierra los ojos por un momento y respira, piensa en cosas que te gusten.
El sonido de los árboles me tranquiliza, quizá si abro las ventanas y dejo que el sonido del jardín entre...
Sí, aprovechemos, el sábado comenzará las obras el vecino, así que abrir la ventana será un infierno de ruidos y martillazos.
Pobre, ¿sabes que le robaron el otro día en la tienda? Colocaba la trastienda cuando comenzaron a sonar las sirenas, y aunque salió a toda prisa ya tenía el escaparate reventado y faltaba bastante ropa. Me lo contó ayer, pobre, le escuché en silencio porque escupir aquella historia parecía costarle demasiado.
Ahá. Veamos ¿hemos escrito sobre vampiros?
Sí, ¿no te acuerdas de la trilogía que empezaba por "Matar formaba parte de la naturaleza de Laura"?
Es verdad, y la acabamos con aquella que al principio nos pareció difícil "La mirada que le devolvió el espejo no era la suya", creo que no usamos en ninguno de los tres cuentos la palabra vampiro, jejejeje.
No, al principio no fue consciente, pero luego me hizo gracia. Ais... cuantas frases hemos usado ya... y dentro de nada Cuentacuentos llegará a la frase 100...
Oye, yo sigo preguntándome quién será el Señor de las Historias.
Yo también pero creo que la magia reside en no saberlo.
¿Y si escribimos algo triste?
Ya hemos escrito varias aunque algunas más que otras, "A veces mi alegría se convierte en desgracia" fue una, ¿recuerdas que no sabíamos como acabarla?
Sí, y se te ocurrió ponerle una nota de humor después de tanta tragedia.
También intentamos con la magia, aunque no salió demasiado bien, ¿como empezaba?
"Al cerrar los ojos despertó la magia que llevaba en su interior" o algo así, mejor no acordarse.
¿Ves como a veces no soy capaz? aunque siempre que estoy atascada recuerdo tu sonrisa de niña esculpiendo la mía desde dentro, obligándome a reírme de mí misma.

La inspiración se acuerda de esos momentos, cuando confusa, se despierta entre sueños y la ve perdida, con los dedos en el teclado, sin saber como seguir, y entonces le da el empujoncito necesario. A veces le tiemblan las manos cuando tiene que elegir entre un tema u otro, pero la inspiración sabe que puede hacerlo.
Venga, no te agobies, también podemos dejar la frase y hacer una historia con dos la semana que viene.
No, eso lo hago cuando no me queda más remedio por falta de tiempo. Todavía recuerdo la primera historia que hicimos así, empezaba por "A las ocho menos cinco se apagaron las luces" y acababa con "Brotaba pintura de entre sus dedos".
Me gusta esa historia, nos quedó redonda, ¿eh?
Desde luego eres modesta hasta decir basta.
Mira quién habla...
A ver más noticias: "Un hombre logra evitar el robo de su chalet.El silencio de la noche fue su aliado al alertarle las pisadas del intruso en la grava del jardín."
Esta no me gusta, a ver, cosas del corazón: "Le conocí a través del messenger, y apenas dos días después de mi cumpleaños, él me dejó el regalo más romántico en mi e-mail..."
Buff, no leas tonterías, anda, eso no me va a ayudar. A ver qué echan en la tele, me rindo por un rato, luego lo intento. Mira, un documental sobre Jack el Destripador, ¿qué dicen? "La última imagen que quedó plasmada en su retina fue la de su asesino, sólo las víctimas en sus últimos momentos supieron quién era el despiadado Jack". ¿Y en este otro? Anda, mira, hablan de dibujantes, fíjate en ese dibujo, los hombros del ángel se estremecen mientras llora, ¿no te parece raro que los ángeles lloren?
Apaga eso, ponte a escribir ¿o quieres que pase como con el homenaje a la letra?, lo dejaste, lo dejaste y al final no escribiste nada.
No me riñas, tú tampoco lograste sacar nada de aquello.

Una enorme sonrisa asomó a sus labios, la había pillado y lo sabía, su inspiración era muy orgullosa, y aquel traspiés en su trayectoria no le gustaba.

Venga, recordar cosas alegres para poder escribir. ¿Te acuerdas de los regalos que me mandaba papá desde Suiza? Yo sí, recuerdo uno en especial, era mi cumple y al llegar del cole había un paquete para mí. Había soñado con ello mil veces y allí estaba, entre mis manos temblorosas la primera caja de Lego que tuve, llena de piezas de colores, arbolitos, muñequitos...
Érase una vez una niña feliz con su caja de Lego.
Mira que eres tonta, ¿todavía estás enfadada por lo de antes?
No hay mayor desprecio, que no hacer aprecio.
No seas rencorosa, anda. Venga, sonríe. Como cuando salió nuestra frase aquella semana "Nunca he sabido hacer el equipaje", al principio tenía pensado algo triste, pero llegaste tú a echarme una mano y al final nos salió algo bastante personal.
Sí, ahora pelotea.
Pero si sabes que te adoro, como todo lo importante, ocurres de repente, llegas cuando te necesito, y no solo para los cuentos, ya lo sabes.
A ver, que siempre tengo que ayudarte. Mira alrededor y dime lo que ves.
A ver, por ejemplo el título de aquel libro llamó poderosamente mi atención en la librería y por eso lo compré.
¿Qué más? Inténtalo, ¿o al final me vas a decir que la fábrica de sueños cerró por vacaciones?
Aquella flor me la regaló el chico aquel tan tímido, el que una noche me dijo "Hola, ¿Bailas conmigo?", estaba tan nervioso mientras bailábamos que ni siquiera tuvo tiempo de despedirse cuando se dio cuenta de que iba a llegar tarde a casa.
Te conozco demasiado bien, algo ya estás tramando para la historia, ¿a que sí?
Para esta no, porque la frase no le pega, pero tengo ganas de escribir alguna erótica, la última vez que lo intenté fue con la historia al revés, y al final no quedó tan bien como me habría gustado.
¿Y ciencia ficción? Nunca lo hemos probado, o fantasía "Luke, yo soy tu padre..." uf, no me sale...
Jejeje, mira que eres payasa.


Por la puerta aparece una bolita de pelo atigrada, el gatito correteó juguetón entre sus piernas, para volver a salir disparado por el pasillo, quizá hacia el lavadero, que parecía la habitación del deseo del animal, llena de cuerditas, redecillas, pinzas... y mil y un objetos susceptibles de convertirse en su juguete. A veces, nada más despertar, se gira y lo descubre a su lado mirándole con sus preciosos ojos verdes.

¡Creo que ya sé qué escribir!
¡Muy bien, pues adelante!

Pues eso, que hoy es mi Cumpleaños en Cuentacuentos, y no se me ocurrió mejor forma de festejarlo que hacer una historia que incluyese todas las frases que sirvieron de inspiración a lo largo de estas 52 semanas.

13 agosto 2007

Cuentacuentos 43: Nada más despertar...

Nada más despertar, se gira y lo descubre a su lado.
Sonríe.

Un rayo de sol ilumina la ventana, y la luz dibuja cuadraditos luminosos en las sábanas blancas y en su cara.
El sol de la mañana hace que la habitación blanca reluzca desdibujando cualquier sombra que pudiese estar oculta en un rincón.
La única nota de color son unas rosas amarillas.

Sus dedos aparecen por debajo del edredón y acarician los contornos de lo que ve a su lado.
Con cariño.

Apenas se mueve, concentrada en lo que está viendo, sus dedos trazan líneas, con cuidado, como si tuviese miedo de que un movimiento brusco pudiese romper en mil pedazos el momento que está viviendo.
Vuelve a sonreír.

Sus labios se mueven, aunque a penas se escucha más que un murmullo.
Parece una canción.
Una nana.

Fuera, en el alféizar de la ventana se posa un jilguero.
Mira curioso hacia el interior de la habitación, y empieza con su concierto matutino, llenando la habitación con sus trinos.

Sonríe por tercera vez, pero sigue sin moverse, y en sus ojos parece faltar algo.


Desde fuera de la habitación, a través del cristal de la puerta, dos hombres la contemplan.
Uno, con barba descuidada, y mirada triste, el otro, con bata blanca y un expediente en la mano.

- Parece tan feliz, Juan.
- Ya, pero su felicidad es producto de su fantasía.
- ¿Sigue con sus delirios?
- Cada mañana lo mismo, despierta "viendo" a vuestro hijo a su lado, le acaricia, le canta...
- La echo tanto de menos...¿Se curará algún día?
- Ojalá pudiese decirte que sí, Luís, de veras, pero no lo sé, el shock de verlo morir fue demasiado fuerte.

Baja la cabeza, derrotado. El doctor le pasa el brazo por los hombros y le abraza.

- Tienes que ser fuerte, hermano.

Se alejan por el pasillo.

- Ese pájaro...
- Cada mañana desde que la trajiste aquel día, viene a cantar a su ventana.

07 agosto 2007

Cuentacuentos 42: Le escuché en silencio porque...


Le escuché en silencio porque escupir aquella historia parecía costarle demasiado.

Su voz era más grave de lo que yo me había imaginado, una voz que sorprendía viendo el cuerpo del que brotaba.

Era la primera vez que le hablaba con él, aunque le conocía de antes, no físicamente, sino a través de sus libros.

Y ahora le tenía frente a mí, sentado al otro lado de la mesa, improvisando para mí un gran cuento, el mejor de los que yo había leído.

Se notaba que estaba haciendo un gran esfuerzo, aunque dada su edad tampoco es que me sorprendiese demasiado.
A menudo se pasaba la mano izquierda por la frente como secando un sudor inexistente, para luego apretarse los ojos con el índice y el pulgar, y por último cerraba una mano sobre el puño del otra y proseguía con su relato.

Yo le observaba con ojo experto, maravillada por el cuento que me estaba contando, como he dicho, el mejor de todos.

Despacio fue desarrollando la trama de un asesinato, el de un joven escritor, al que el protagonista mataba por que éste le había robado una historia, la que sería su última obra.
Por lo visto, el veterano escritor, sabía algo de lo que nadie más tenía noticia, una terrible enfermedad estaba minando su salud desde dentro, y había concebido aquel último manuscrito como una despedida, del mundo, de su hija y de su vida.
Estaba claro que no iba a permitir que un advenedizo se quedase con su último esfuerzo, y con la paciencia que le habían dado los años había planeado cuidadosamente cómo matarlo.
Sin embargo el viejo escritor era bueno en lo suyo, pero de asesino profesional tenía poco, así que además de ser un crimen difícil de ocultar dada la reciente notoriedad de la víctima, había cometido varios errores imperdonables, así que finalmente, y como un caballero se había entregado a la policía inmediatamente después del asesinato.

En cuanto acabó su relato le pedí por favor que lo escribiera tal cual me lo había contado en unos folios que le entregué.
Le vi escribir con pulcra letra palabra por palabra el cuento que acababa de relatarme, sin abandonar ni por un momento el gesto resuelto aunque ligeramente agotado.
Cuando dos agentes se lo llevaron esposado después de firmarlo, vi que le dirigía a su hija la mirada orgullosa de un buen padre.

Pedí a los dos agentes que esperasen un momento, y mirando a su hija en vez de a él a través del cristal de la sala de confesiones le dije algo que había querido decirle desde que había empezado su fantástico cuento:

"¿Sabe? Siempre he creído que sus obras eran muy buenas porque el final nunca era lo que parecía..."

30 julio 2007

Cuentacuentos 41: No hay mayor desprecio que no hacer aprecio

"No hay mayor desprecio que no hacer aprecio"

Me lo decía mi madre cuando llegaba del colegio frustrada porque algún compañero se reía de mí por ser la más bajita de la clase.
Y yo pensaba "Sí, claro".

"No hay mayor desprecio que no hacer aprecio"

Supongo que es lo que piensan las cuatro señoras que sentadas en una terracita ignoran a la mujer que con un cartelito en la mano, y una expresión en la cara mezcla de aburrimiento y desafío, las contempla.
La veo desde lejos, no se mueve, el cartel es de esos que las mafias fabrican en serie, de los que te informan de que tiene nosecuantos hijos y que no tiene con qué criarlos.
Sigue en la misma postura cuando yo paso de largo, en todo ese rato, ninguna de las cuatro señoras la mira, ninguna se digna a decirle siquiera un magro "No".

"No hay mayor desprecio que no hacer aprecio"

En el parque juegan unos niños a la pelota, deben ser hermanos porque van todos conjuntados, mismos colores, mismo modelo de zapatos, mismo caballito en las camisetas.
Se acerca a ellos otro niño, con otros zapatos, otra ropa, les pregunta si puede jugar con ellos.
El mayor de los de la pelota le mira de arriba a abajo, nunca he visto tanto desprecio en unos ojos tan jóvenes.
No le contesta, no le vuelve a mirar, sigue jugando con sus hermanos, que estratégicamente han dado la espalda al nuevo.

"No hay mayor desprecio que no hacer aprecio"

En una fiesta, veo una chica al fondo, conozco su mirada, es triste, yo la he tenido así una vez, hace tiempo, busco en la dirección hacia la que mira. Hay una parejita bailando muy pegados, juraría que hace pocas semanas vi ese mismo chaval abrazado a la chica triste, aunque en aquel momento ella tenía toda la luz de las estrellas en sus ojos. El chaval mira a la chica triste, juro que pude sentir el frío que transmitían sus ojos, juro que la vi estremecerse.

"No hay mayor desprecio que no hacer aprecio"

Finalmente, mamá, tendré que darte la razón.


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23 julio 2007

Cuentacuentos 40: Le temblaban las manos cuando tuvo que elegir


Le temblaban las manos cuando tuvo que elegir
cual de las dos llevarse.
Y además notaba como estaba empezando a sudar copiosamente, como siempre que se convertía en el centro de atención de un grupo de más de cuatro personas.
Y allí, para su desdicha, había unas siete personas pendientes de la elección que iba a tomar.

Había entrado tranquilo porque no había nadie en el establecimiento, y el pedido que tenía que hacer era de lo más sencillo. Solo debía decir qué deseaba llevarse, que lo cogiesen de su anaquel, lo envolviesen, lo cobrasen y listo.

Muy fácil... demasiado fácil.

Nada más llegar al mostrador, detrás de él entró una señora carirredonda, con un peinado muy cardado por arriba, con un señor que se agarraba con una mano la parte derecha de la cara, con una gran mueca de dolor.

Inspiró hondo y se tranquilizó, no pasaba nada.

Entonces y antes de que saliera nadie a atenderle desde la trastienda, volvieron a sonar las campanillas de la entrada, dando paso esta vez a una mujer embarazada con un niño de la mano que no dejaba de quejarse de que le dolía mucho "la pincha" que le había puesto el "meco".

Justo en aquel instante fue cuando entre las estanterías apareció la farmacéutica, como si esperase a que hubiese al menos tres clientes para hacer menos viajes.

Ya notaba como finas perlas de sudor se formaban en sus sienes, pero se dijo a sí mismo que podía hacerlo, era fácil era muy fácil.

Armándose de todo el valor que pudo encontrar entre las partículas de su valentía que se habían dado a la fuga con la entrada de la embarazada, le pidió a la farmacéutica lo que había ido a buscar. La embarazada sonrió, la vio reflejada en el pequeño espejo que había en el mostrador.

Ya estaba hecho, ahora ella lo traería, él lo pagaría y se podría ir de allí.

Y antes de que la mujer pudiese decir nada, volvieron a tintinear las campanillas, y un nuevo cliente entró a la farmacia.

Un señor mayor que ya entraba quejándose de la enorme cola que había, y detrás, el que debía ser su amigo, puesto que trataba de tranquilizarle.

Las pequeñas gotas de sudor se convirtieron en finos hilillos, y cuando la farmacéutica le dijo que si quería una la caja de siempre o si prefería probar una nueva gama que había llegado y que estaban teniendo una gran acogida entre la gente de su edad, notó como la boca se le secaba.

El niño empezó a llorar y notaba en la nuca la respiración entrecortada del hombre del flemón, el anciano seguía protestando, ahora sobre la juventud de hoy en día que no sabía decidirse, y la madre embarazada soltó una risita.

Demasiado fácil, había creído que sería demasiado fácil.

No sabía qué decir, y sentía clavadas en él las miradas de cinco adultos mientras la farmacéutica le mostraba las dos cajas, una en cada mano diciéndole que el sabor de la nueva gama era mucho mejor por lo que a los jóvenes les resultaba mucho más agradable.

Tenía que salir de allí rápido, necesitaba aire.

Fue en el momento en el que volvieron a repicar las campanitas cuando soltó atropelladamente su respuesta, la farmacéutica le miró y le pidió disculpas, no le había oído con el ruido de la calle.

Y lo repitió a grito pelado, presa del nerviosismo, con lo que la joven que entraba en ese momento se quedó asombrada mirándole mientras la embarazada reía ya a carcajadas.

Y una vez hubo salido a toda prisa de la farmacia con su caja en la mano, le dio tiempo a oír a la mujer del cardado mientras se cerraba la puerta:
"Hay que ver la que montan los jóvenes por unas aspirinas, si llega a querer comprar condones no sé qué habría hecho".


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