14 marzo 2007

Cuentacuentos 11: La niña se perdía dulcemente en su vida

La niña se perdía dulcemente en su vida de juegos. Allí estaba entretenida jugando a las canicas con otros niños de la urbanización.
Siguió caminando por el jardín, y echando un vistazo hacia atrás vió salir a una mujer de la casa con una bandeja de bocadillos y vasos de zumo, que seguramente acababa de exprimir, llamando a los niños que la alcanzaron entre risas.
Sobrepasó los rosales, y llegando al final de la tapia se arrodilló.
Al otro lado del muro se oía la voz de una muchacha a la que segundos más tarde se unió la de un chico, mantenían una fingida discusión que acabó entre gritos ahogados y risitas nerviosas.

La mujer sonrió recordando su propia juventud, aquellas tardes de primavera, las miradas, los primeros besos...

Pensó que ya no era una niña que jugaba ajena a los peligros que esperaban fuera de los protectores muros de su casa, ni una jovencita que aprendía lo que era el amor, ni siquiera una mujer joven que tenía toda una vida por delante.


No había publicado ningún libro, aunque ciertamente sí que había escrito un tomo largo y extenso de la historia de su propia vida.
Volviendo la vista por segunda vez contempló a su familia.


Con estos pensamientos en la cabeza sonrió mientras la tierra recién removida se le colaba por las arrugas de sus dedos.

Despues de presionar alrededor del frágil tronco de un pequeño almendro se levantó y contempló el resultado.


Ciertamente, la suya había sido una vida intensa y bien aprovechada.




Publicado en spaces el 31 Octubre 2006

Cuentacuentos 10: Aura es una mujer

Aura es una mujer hermosa, de eso no cabe duda, de hecho, muchos no dudarían en calificar su belleza de perfecta.


Desde sus bien formados pies, hasta la punta de sus sedosos cabellos rubios, toda ella es como sacada de un sueño.
Sus manos, de dedos finos y suaves, hechas para acariciar, su ojos, de un increíble color azul, sus labios de suave tono rosado.
Su piel tan perfecta que incluso parece resplandecer con brillo dorado cuando los rayos de sol, en actitud adoradora la bañan.
Incluso sus movimientos se empeñan en hacerla parecer hija de los mismos dioses, en ocasiones semeja que no es ella la que se mueve, sino que la tierra es la que gira para hacerla llegar adonde desea.

La primera vez que oí su voz, ésta se me coló hasta el más hondo rincón de mi ser, no tiene nada de extraño pues, que con un par de palabras pueda conseguir todo lo que desea, e incluso que el resto de simples mortales nos sintamos tremendamente honrados de complacerla.


Aura es hermosa, es perfecta, es lo más parecido a un ser sobrenatural que cualquiera puede conocer.
Y sin embargo, al igual que la Venus de Milo, Aura es fría y distante, y su corazón parece tallado del mármol más duro.


Por eso, mientras salgo para no volver más de su cama, no siento la más mínima tristeza por la despedida, si acaso me arrepiento de haberla tenido, porque Aura, al igual que las obras de arte, está en el mundo solo para que los demás podamos contemplarla





Más en Cuentacuentos.


Una semana más, llega tarde mi relato...




Publicado en spaces el 24 Octubre 2006

01 marzo 2007

Cuentacuentos 9: Tras la repentina muerte de Ángela

Tras la repentina muerte de Ángela nada en el mundo hizo constar que ella ya no estaba.
El planeta siguió girando, la noche dió paso al día, la lluvia cesó y el sol se hizo dueño del cielo.
Los niños siguieron yendo al colegio, los perros siguieron necesitando que los llevasen a pasear, y los gatos continuaron enseñoreandose de las casas de sus amos.
En la calle la gente continuaba con sus quehaceres diarios, y los coches, como no, siguieron llenando las calles con sus ensordecedores ruidos.
El día que murió Ángela, nada extraordinario pasó que indicase que había sucedido algo horrible.
Todo era igual que antes, pero para Pablo, todo era distinto, ya no lograba ver la magia que se desprendía de los destellos de luz en las gotas de rocío, ni podía oler en su jardín las gardenias que ella había plantado.
La música era la misma, pero él ya no la percibía igual de maravillosa, y los colores se le antojaban mucho menos alegres.
El día que ella murió todo parecía igual, y sin embargo, todo era totalmente distinto.
Tarde, tarde, tarde, problemas de todo tipo me han retrasado esta semana...
Publicado en spaces el 19 octubre 2006

Cuentacuentos 8: Era de noche, y sin embargo llovía

Era de noche, y sin embargo llovía una extraña luz en forma de pequeñas gotas de un blanco luminoso unas, de un millón de colores otras.
Se preguntó dónde estaba, pero todo era oscuro y confuso, todo, excepto los extraños destellos que llenaban su mente de fogonazos que tardaban demasiado en desaparecer.
Intentó recordar qué estaba haciendo antes de la aparición de las luces, pero no fue capaz, y de repente, quizá espoleado por el esfuerzo, apareció el dolor de cabeza, y las gotas de luz se convirtieron en diminutos cuchillos de luz que le traspasaban la conciencia llenándole de un indescriptible dolor.
Se llevó las manos a la cabeza para mitigar el sufrimiento, y fue entonces cuando descubrió que esa misma luz que le taladraba no iluminaba sus dedos, y empezó a sentir un miedo sordo y frío, que se le fue extendiendo desde la punta de los dedos por el resto de su cuerpo.
No podía distinguir las manos, y lo que es más, por mucho que se tapaba los ojos, la intensa luz persistía hiriendo sus sentidos, e intuía que eso no podía ser nada bueno.
Pensándolo mejor, y esforzándose en ignorar el dolor, recordó que lo último de lo que tenía clara constancia era de estar conduciendo su moto, una gran máquina de la que estaba muy orgulloso, pero era de día, un día muy soleado además, entonces, ¿por qué no veía más que esa oscuridad rota por rayos de dolorosa luz?
El pánico se apoderó de él e intentó frenéticamente moverse, pero algo lo tenía apresado, un peso enorme le impedía respirar en profundidad, detalle del que acababa de ser consciente, notó como su corazón empezaba a bombear demasiado rápido.
De repente a su lado apareció una extraña luz, diferente de las primeras que había visto, fijándose mejor, esa luz tenía una vaga forma humana, y a diferencia de las otras, no hería su maltrecha mente, sino que le reconfontaba de una manera indescriptible.
La figura desprendía una luz azulada, que de vez en cuando se perfilaba con un halo anaranjado.
No sabía quien ni qué era, pero una cosa sí sabía, no quería que se fuese, había traído esperanza a ese lugar donde se encontraba.
Fue consciente de que le quitaban el peso de encima, y de que por fín podía respirar a fondo, aunque ahora volvió el dolor, esta vez diferente, aunque lo acogió con alegría, si le dolía el cuerpo... debía ser porque estaba vivo... verdad?
La figura se acercó a él, y cogiéndole de la mano le dijo: "No te preocupes, ya estamos aquí, y no vamos a dejar que mueras, ahora, quédate quieto mientras te inmovilizamos el cuerpo, si lo has entendido, apriétame la mano"
Y con las últimas fuerzas que le quedaban, justo antes de caer inconsciente, apretó aquella mano.
Más en cuentacuentos.
Ah... llega un poco tarde, pero es que estaba enfermita...
Publicado en spaces el 11 octubre 2006

Cuentacuentos 7: Hacía frío aquella mañana

Hacía frío aquella mañana, empezaba el otoño, y llovía a mares, el típico día de estar en el sofá, arrebujado en una manta, y con una taza de café humeante para acompañar un buen libro.
A través del ventanal se veía el trajín propio de un día como aquel, cientos de coches de bocina rápida, niños con sus enormes mochilas corriendo para no llegar tarde al colegio, y un montón de gente más que iba de aquí para allá sin percatarse de lo que tenían a su alrededor, que no se enteraban de lo especialmente hermosa que era aquella mañana.
Sí, hacía frío, y llovía, pero era una mañana fabulosa, un día inusitadamente luminoso, algo bastante raro teniendo en cuenta el diluvio que estaba cayendo.
Se dió la vuelta y contempló el juego de luces que se creaba en la piel de la mujer que dormía plácidamente en la cama revuelta.
Los regueros de agua que resbalaban por el cristal hacían que la luz variase de intensidad, y creaban un interesante diseño que cambiaba a cada instante... sí, parecía que el agua resbalaba de alguna mágica manera por el cuerpo femenino, sin llegar a perturbar su sueño.
La observó con más atención, dormía de lado, con un brazo debajo de la almohada, y otro por encima, con la palma hacia abajo, como si la abrazase, un rizo caía por su mejilla mientras el resto estaba estirado por las sábanas, y en la boca una sonrisa de satisfacción que valía la pena poder presenciar, y respiraba tan plácidamente como si en lugar de allí estuviese en el mismo cielo.
La sábana perfilaba su forma de manera mucho más sugerente que si la hubiese estado viendo desnuda, y con aquella luz tan extraña, su piel parecía tener un tono nacarado.
Era, sin lugar a dudas, la mujer más bella que había dormido entre aquellas sábanas.
Sí, hacía frío, y llovía, pero era una mañana fabulosa, o quizá no lo fuese tanto, y solo la presencia de aquella mujer la hiciese tan especial.
Publicado en spaces el 02 octubre 2006

26 febrero 2007

Cuentacuentos 6: ¿Recuerdas cuando mirábamos las estrellas?

¿Recuerdas cuando mirábamos las estrellas? Yo te cogía la mano, y la apretaba fuerte un poquito, luego te abrazaba y juntos mirábamos el cielo...
... estabas tan hermosa entonces... miles de diminutas lucecillas le daban más vida si cabe a tus ojos...
... y yo te quería tanto...
... no podía creer lo afortunado que era por tenerte conmigo, por poder abrazarte, por respirar el perfume de tu pelo...
¿En qué momento dejamos de mirar las estrellas? Ni siquiera me di cuenta de que nos estábamos alejando, de que te estaba perdiendo...
... poco a poco fuimos dejando de tener tiempo para el otro...
... en qué poco tiempo nos convertimos en poco más que extraños...
... dos extraños que compartían cama, pero extraños al fin y al cabo...
¿En qué momento me olvidé de nosotros para pasar al tu y yo? Lo sé, fui yo el que abrió el abismo entre los dos...
... cada vez menos tiempo en casa... cada vez menos momentos especiales...
... menos flores recién cortadas del jardín en tu almohada...
... menos llamadas para decirte simplemente "te quiero"...
... menos besos de mañana para despertarte...
... qué preciosa estabas esas mañanas, cuando el amor desbordaba en tus ojos...
¿En qué momento dejé de pensar en lo afortunado que era por tenerte? No me di cuenta de lo mucho que sufrías...
... de que no era indiferencia lo que asomaba a tus ojos cada mañana... sino dolor por perderme...
... por no comprender el por qué todo estaba cambiando...
... no me di cuenta de que seguías mirando las estrellas...
... quizá pidiéndole un pequeño apretón en la mano, un abrazo...
Pero no pude verlo, estaba ciego...
... cómo duele abrir los ojos y descubrir que ya no estás, que ya no verás las estrellas...
... que decidiste cerrar los ojos para siempre...
... y que yo tengo la culpa...
¿como voy a perdonármelo?
Publicado en spaces el 25 septiembre 2006

Cuentacuentos 5: Una vez más, huía de su pasado

Una vez más, huía de su pasado…

… atrás quedaba su pequeño piso vacío, de todo menos de recuerdos…

Por un tiempo había sido su refugio, como un lienzo en blanco donde pintar un nuevo futuro… pero el pasado no olvida durante demasiado tiempo… debería haberse dado cuenta de ello…

Durante algún tiempo la fantasía se mantuvo, como una pequeña pompa de jabón… empezó de nuevo, nueva ciudad, nueva casa, nuevo nombre, nueva vida… incluso llegó a pensar que la vida se había olvidado de la cuenta que tenían pendiente… pero toda burbuja se rompe… y al parecer cuanto más tarda más duele…

Ahora cerraba la puerta de ese refugio temporal… y no podía pensar más que en qué iba a hacer de ahora en adelante… podría huir, pero siempre volvería a pasar lo mismo, una y otra vez… su mente se llenó de repente de imágenes de cientos de puertas cerrándose dejando atrás cientos de vidas que podrían haber sido, pero no eran, cientos mentiras, engaños…

… intentó alejarlas de su mente pero no pudo, cientos de caras decepcionadas le miraban, cientos de ojos a los que sentía haber traicionado, solo podía pensar en huir, huir, huir… y entonces lo supo, no se puede escapar lo suficientemente lejos cuando lo que te atormenta lo llevas encima… uno es el peor enemigo de sí mismo… y por mucho que corras, no hay lugar donde esconderse…

La ventana se abrió casi por si misma, mientras mirando al cielo, acababa con todo… puertas, caras, nombres, mentiras, reproches, odios, vidas falsas, pisos vacíos… todo acabó con un golpe seco y un estallido de luz en su mente.

Publicado en spaces el 24 septiembre 2006

Cuentacuentos 4: Siempre soñé con...


- Siempre soñé con convertirme en alguien realmente necesario.
- No te entiendo, ya lo eres, yo te necesito.
- No es eso, tú me necesitas, lo sé, pero si yo no existiese, tu vida seguiría adelante, habría otra persona que ocuparía mi lugar...
- No me gusta que digas ese tipo de cosas, ya lo sabes.
- Es que necesito hablar, o sino acabaré consumiéndome.
- Es que no puedo entender a qué te refieres con eso de ser realmente necesario.
- ¿De pequeño hacías puzzles?
- Dios, realmente vas a volverme loco, qué tienen que ver ahora los puzzles con lo que estábamos hablando.
- Yo de pequeña hacía puzzles...
- Empiezas a asustarme, a asustarme de verdad.
- ... me encantaban los puzzles, tenía cientos de ellos... mi hermana y yo nos pasábamos horas intentando montarlos...
- ¿Escuchas lo que te digo?
- ... lo que tienen los puzzles es que todas las piezas se parecen... pero en realidad son tan distintas...
- ¡¿Quieres hacerme caso?!
- ... que ninguna puede sustituir a otra... y por mucho que logres encajarlas todas...
- ¡¡Me estás preocupando!!
- ... al final, si te falta una sola... todo el resto no tienen sentido... el conjunto está incompleto...
- ¡Por favor! Escúchame, cálmate, todo va a ir bien.
- ... yo siempre he querido ser como una pieza de un puzzle... sí, como una pieza de un gran puzzle... parecida al resto... pero totalmente diferente... ¿te he dicho que a mi me encantan los puzzles?
Publicado en spaces el 16 septiembre 2006