Las luces se habían apagado, y por los pasillos solo paseaba de vez en cuando el guarda de seguridad.
La última cajera salió de los vestuarios de personal abrochándose el abrigo. Saludó al guardia de seguridad, que la observó alejarse, y luego siguió con su ronda nocturna entre pasillos iluminados por neveras repletas de yogures bajos en calorías.
La cajera salió por la puerta de empleados con las llaves de su coche ya en la mano.
Un pequeño Ford Fiesta rojo, un modelo bastante antiguo.
No le gustaba salir tan tarde, pero cosas del trabajo, había tenido un problema con la caja, y repetir tres veces la recaudación llevaba mucho tiempo.
La cena ya estaría fría, ya casi no recordaba lo que era cenar en compañía...
No echaba de menos cenar con su padre, no, la verdad agradecía no tener que soportar sus incoherencias de borracho, pero le daba pena dejar a su madre sola con aquel energúmeno.
Giró la llave en el contacto, pero despues de un ruído y un par de sacudidas, aquello siguió sin encenderse.
Volvió a intentarlo, pero nada, el mismo resultado.
Una tercera vez, y nada.
Decididamente, las desgracias nunca venían solas, aquella no era su noche, eso estaba claro.
Decidió llamar a un taxi. Lo haría desde dentro, el enorme aparcamiento del centro comercial siempre le daba escalofríos, una nunca sabía de detrás de qué columna podía salir alguien.
Entró y con las prisas casi atropella al pobre guarda de seguridad, que en el último momento logró cogerla y evitar una dolorosa caída.
Era un chico más o menos de su edad, llevaba poco tiempo en la empresa, y cada vez que ella le sonreía, se ruborizaba.
Le observó mientras la compañía de taxis que le informaba de que debido a no sé qué partido tenían el servicio colapsado y tardaría al menos 30 minutos en quedar uno libre.
Colgó con resignación, y se dispuso a esperar aburrida.
Despues de un rato de silencio pensó que podría intentar charlar con el guarda, que la miraba con las manos en los bolsillos, nervioso.
Aquella noche la cajera descubrió que la supuesta mala suerte podía ser en realidad un golpe de fortuna, y también que finalmente, aquella era la noche que había estado esperando durante años.
Tarde no, tardísimo, pero bueno, cosas de la vida.
Ah! y pequeña ayudita en el final por parte de JT
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Publicado en spaces el 24 noviembre 2006
