18 febrero 2008

Cuentacuentos 51

El sol brillaba alegremente en la mañana del gran día, pero el suelo seguía blanco de nieve y el aire era muy frío.
El gran día ella llegó a casa, era parecida a papá y mamá pero más pequeña.
Era extraña, pero fascinante, no me cansaba de observarla, aunque al escucharla llorar por primera vez no pude evitar ponerme nervioso.
Con el paso del tiempo empezó a parecerse más a mamá, dejó de llorar tanto y se hizo mucho más interesante vigilar sus movimientos.

Esta noche ha nevado, aunque ahora brilla el sol como el "Gran Día", y hace tanto frío como aquella mañana.
Una niña morena es, aparte de mí, la única ocupante de la habitación, aunque a través de una puerta entreabierta se escucha el trastear de platos y cacerolas en la estancia contigua.
Nuestra niña, de puntillas, con la naricilla apoyada en el cristal de la ventana, clava sus grandes ojos verdes en el paisaje nevado.
A su lado, en el suelo de madera, junto a un vaso de plástico azul hay acuarelas y papel para acuarelas con manchurrones de colores.
Yo la observo desde un rincón, con curiosidad, deseando saber qué piensa. Tiene los dedos manchados de pintura, y un par de manchas por la cara.

"¡Mami, mami! el cielo se ha ido cayendo a cachitos, pero no cachitos azules, ¡son blancos! ¡las nubes se caen a cachitos mami! ¿Como vamos a volver a subirlas?"

Sonrío al oír los chillidos de la niña, que emocionada empieza a saltar, al tiempo que desde la cocina llega la voz de mamá, después de una ligera risa.

"No son las nubes, cielo, es nieve"

Veo como mi niña, esboza una mueca de incredulidad, a la vez que volviendo a pegar la nariz al cristal pregunta qué es la nieve. Cierro los ojos, adormeciéndome tendido en el sofá.

"La nieve es... como motitas de helado que caen del cielo"

Al oír la palabra helado vuelvo a abrir los ojos, y desperezándome me acerco a la ventana. Quizá este año caiga algo distinto del cielo, y si es helado...
Pego mi nariz al cristal y veo que se forma como siempre la extraña mancha al respirar, no dejan de sorprenderme las cosas tan misteriosas que pasan en el mundo.
Para mi decepción, del cielo no cae helado, sino la misma sustancia de cada año, que parece algodonosa y suave, pero como bien recuerdo después de la primera vez que la ví, es fría, crujiente y traicionera bajo los pies.
No siento ningún deseo de salir a enfrentarme otra vez a esa extraña cosa, pero en sus ojos veo que ella sí quiere tocarla. Ojalá mamá no la deje, hace demasiado frío, a pesar de su jersey rojo y sus calcetines a rayas.

"Mami... ¿puedo salir a probarla? Quiero saber de qué sabor es..."

Alarmado me siento en el banco del piano, a mi lado está un diapasón con el que papá juega a veces a sacar extraños ruidos.

"Cariño, la nieve no sabe a nada, no es un helado, y ahora yo no puedo salir contigo a jugar, pero por la tarde saldremos los tres a hacer muñecos de nieve, ¿vale?".

"¡Vale!"

Escucho a papá bajando por las escaleras, trae sus gafas y un par de libros. Atraviesa el salón y se sienta en el sofá.
Ella cruza el salón y se lanza a sus brazos, y yo, en un par de saltos, me enrosco en su regazo.
Durante un rato todo son risas y cosquillas, para mí, para papá y sobre todo para ella.
Luego papá nos lee un cuento, y yo me voy quedando dormido ronroneando por las caricias de sus pequeñas manitas.
Empiezo a soñar con otra habitación donde hay acuarelas y papel para acuarelas, un diapasón y un par de libros... donde quizá mamá cocine pescado... y de las nubes caigan bolas de helado...

Ah! casi se me olvida, el Gran Día no solo ella llegó a mi vida, con ella llegaron los cuentos... y no os imagináis lo feliz que pueden hacer los cuentos a un gato.



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13 comentarios:

Sureña dijo...

Oh vaya, un final inesperado!! :))

Muy muy bonito! me alegro de haber venido!

Un beso!

JT dijo...

Ohhhhh... ¡me encantan tus niños!

Y hacía tanto que no te leía que no estaba preparado para un final traicionero. Argh, he picado pero bien...

Carlos dijo...

Y vuelves a lograrlo con tus finales! Con una conducción genial de los acontecimientos nos llevas ya casi convencidos de que lo que la lectura va generando en nuestras mentes será el desenlace cuando zas! Final made in Carabiru.
Muy bueno! con sello propio.
Un abrazo

lacasadelpoio dijo...

jajajaja... otra vez me agarró desprevenido el final. siempre se que viene la vuelta de tuerca, pero nunca es lo que imagino.

lástima que haya sido un gato... soy bien perrero :P

sevemos

Klover dijo...

Eres un saco de sorpresa Carabiru (tas de chocolate ...jejeje que hacía mucho que no te decía esto ^^)

Desde luego te vamos a nombrar la chica de los finales inesperados...un cuento con encanto ;)

Un beso grande

Patri dijo...

¡¡M4e ha gustado muchísimooooooooo!! ^_^

Besotessssssss

Tormenta dijo...

un gato! ^^ no me lo esperaba para nada! eso es bueno, supongo, aunque reconozco que estoy bastante dormida todavía. una historia tierna y bonita :)
un saludo guapa!

El Responsable dijo...

El que sea un gato lo explica todo, ya me parecía a mí que era raro un niño al que no le guste la nieve.

JT dijo...

¡Nadie se ha fijado en nuestro juego, carabiru!

¿Nadie ha visto que hay algunos detallitos en común entre su relato y el mío? ¿Nadie?

Ohhh...

Carabiru dijo...

Ya te digo!
Jooooooooo!!!

:P sería por el escaso público de esta semana??

Cuervo dijo...

bueno, tarde a a contrapie, pero me paso por aquí.
Si te digo la verdad yo tambien me he entretenido echando el aliento sobre cristales frios para ver la extrañas manchas de vaho. es como fabricar tu propio test de roschars (o como se escriba)

en cuanto a mi relato te diré que si, que es real y que aún estamos cruzando mails para ver si hay segundo encuentro o no.

un placer volver a leerte

Thiago dijo...

Bueno, como no has puesto post nuevo en el otro blog (hombre, y este es de febrero, eh, jaaj) pues me vine a mirar éste, y ahora me alegro pq este cuento me ha encantado, jaaja

Bezos, cari.

María José dijo...

Bonito final para una bonita historia, hacía muchísimo tiempo que no me pasaba por aquí, pero ya he recordado porqué me gusta tanto leerte porque siempre me sorprendes.
Un saludo.